Y, sin embargo, sucedieron así

Mi admiración (devoción es más preciso) por Miguel Delibes tiene algo sentimental por alguna razón no concreta: porque siempre vi sus libros en las estanterías de casa, porque papá hablaba de él con respeto y familiaridad, porque también le gustaba a A., porque La sombra del ciprés es alargada me marcó de adolescente como ninguna otra obra lo hizo o simplemente porque en sus líneas encuentro un bálsamo de belleza, sentido común, patriotismo sin aspavientos y un amor patente por el idioma castellano.

En marzo se cumplieron diez años de su muerte. Recuerdo haber llorado cuando leí la noticia en el ABC. Me pesó que se fuera sin su premio Nobel —me parecía más importante de lo que me parece hoy— y me pesó no haberlo llegado a conocer. Tengo desde entonces folios y folios abiertos con su nombre como título: siempre los empiezo con ilusión y siempre los abandono sin siquiera terminar un párrafo. El pensamiento de no ser capaz de escribir algo que le haga justicia me bloquea. Así que, aprovechando que para el centenario de su nacimiento se han publicado muchos y variados artículos entorno a su vida y obra, selecciono los que más me han gustado:

Miguel Delibes: el hombre y la tierra Repaso de su obra y de su significado por Celma Valero, catedrática de Literatura Española de la Universidad de Valladolid (la literatura del XX es su principal línea de investigación).

El Debate de Hoy sacó un especial muy completo (artículos, ilustraciones, podcast) con el título Miguel Delibes, cazador de palabras. Aunque vale la pena echarle un vistazo a todo, escojo dos de los artículos:

Delibes ante la última curva del camino Pablo Casado Muriel escribe sobre una gran obsesión del vallisoletano, la muerte.

El Grupo Norte 60: los hombres de Delibes José F. Peláez traza un interesante y justo perfil del Delibes periodista.

Felicidades, Delibes: vuelven los festejos en la semana de su centenario En Libertad Digital, una felicitación ligera de Luis Herrero-Tejedor que nos acerca al escritor y a los actos del centenario.

Miguel Delibes: la importancia de ser de pueblo Xuan Bello escribe bonito a propósito de Delibes lo que me hubiera gustado haber escrito yo. Destaco este párrafo: «Escribía como nadie había escrito y, sin embargo, todas sus historias -centradas siempre de una manera u otra en esa frontera entre el centro y la periferia, entre el campo y la ciudad- tienen esa sombra de lo eterno: han sido escritas en un tiempo determinado, pero parecen estar escritas desde siempre. Tienen la virtud de transformar una tradición -ya no leemos ni a Cervantes ni a Unamuno de la misma manera tras haberlo leído a él- y condiciona el futuro aún no escrito».

Por si inspira a alguien, dejo aquí mis libros favoritos (que no son los mejores):

La sombra del ciprés es alargada Lo leí primero de adolescente por recomendación de A. y porque me gustó la portada. La forma en la que el autor te mete en el escenario (Ávila, la casa del señor Lesmes, el barco…), en cómo te hace entrar en la cabeza y en el alma de Pedro, el protagonista, consiguen que pases las páginas con apego. Llegué a aprenderme, de releerlo con ansia, trozos de memoria. Lo retomé después de años en los que no había querido volver a él por si mi opinión se hubiera acrisolado con el tiempo, pero no me llevé la decepción que temía. Es una novela muy grata, pese al tono pesimista y pese sobre la que el autor diría que había escrito torpemente y que sólo le habían dado el premio Nadal porque las otras eran más torpes todavía.

Mi idolatrado hijo Sisí Cecilio Rubes es un hombre de mediana edad, dueño de un establecimiento de materiales higiénicos y, junto a su mujer, tremendamente preocupado por su hijo Sisí. Lo quieren ‘tanto’ que no conciben contradecirle y le complacen en todo lo que pide; esa falta de rigor y ese exceso de protección engendrarán precisamente unas consecuencias fatales. Asistimos a la casa, amistades y amoríos de una familia de clase media en los años previos y del estallido de la Guerra Civil.

El camino Aunque es característica remarcable de todos sus libros, las primeras líneas y las finales de este son soberbias. A pesar de que el entorno rural donde conocemos al Mochuelo nos queda a la mayoría lejos, los recuerdos que le asaltan nos son, de alguna forma, cercanos. El ritmo ligero, la presencia de la naturaleza, los personajes toscos y tiernos y la visión crítica que destila tenue en segundo plano la convierten en una novela maravillosa.

USA y yo No es un libro demasiado famoso. A mí me entretuvo mucho. Se trata de la recopilación de las crónicas en El Norte de Castilla sobre su estancia en Estados Unidos en los años sesenta. Contemplamos desde la mirada del periodista el fuerte contraste que encuentra con España en diferentes aspectos: el modelo familiar, la religión, la política, la educación y los valores, el carácter…

Señora de rojo sobre fondo gris Novela para leer de una sentada. La voz narradora es un artista que se dirige a su hija en una amplia oda a su excéntrica y simpática esposa que acaba de fallecer. Es, dicho por el autor, un homenaje a Ángeles, difunta y extrañada mujer de Delibes. Es un libro en el que no hay sentimentalismo ni ñoñería y sí hay una exaltación de la belleza de un matrimonio bien avenido.

Más.

Dos discursos hermosísimos:

En la asignatura de Sintaxis en la carrera, estuvimos semanas analizando este fragmento del discurso de recepción del Premio Cervantes. Aunque era tarea tediosa, tuvo su parte buena y es que terminamos por sabérnoslo de memoria. Un discurso sentido y que al escucharlo se encoge un poco el corazón en una mezcla de enorme admiración, ternura y melancolía Aquí está completo

El discurso de entrada en la Real Academia que empieza: «Vais a permitirme un inciso sentimental e íntimo. Desde la fecha de mi elección a la de ingreso en esta Academia me ha ocurrido algo importante, seguramente lo más importante que podría haberme ocurrido en la vida: la muerte de Ángeles, mi mujer, a la que un día, hace ya casi veinte años, califiqué de «mi equilibrio». He necesitado perderla para advertir que ella significaba para mí mucho más que eso: ella fue también, con nuestros hijos, el eje de mi vida y el estímulo de mi obra pero, sobre todas las demás cosas, el punto de referencia de mis pensamientos y actividades. Soy, pues, consciente de que con su desaparición ha muerto la mejor mitad de mí mismo. Objetaréis, tal vez, que al faltarme el punto de referencia mi presencia aquí esta tarde no pasa de ser un acto gratuito, carente de sentido, y así sería si yo no estuviera convencido de que al leer este discurso me estoy plegando a uno de sus más fervientes deseos y, en consecuencia, que ella ahora, en algún lugar y de alguna manera, aplaude esta decisión mía. Vengo, pues, así a rendir público homenaje, precisamente en el aniversario de su nacimiento, a la memoria de la que durante cerca de treinta años fue mi inseparable compañera». Aquí el texto completo

Para terminar: la entrevista en «A fondo» en 1976 en la que un joven Miguel Delibes habla de sus primeros pinitos en el periódico, la publicación de la primera novela…

En 2016 pasé, de camino a Salamanca, un día en Valladolid con el único propósito de pasear por las calles en las que paseaba Miguel Delibes. Allí conocí a un matrimonio que me explicó que era frecuente verle por el parque, con su boina bien calada evitando a los lectores que se le acercaban curiosos a saludar. Un hombre esquivo. Un señor discreto. Me llena de alegría que se le esté rindiendo un homenaje exhausto (desde las instituciones y en los medios) con motivo del centenario. Al mismo tiempo, no dejo de preguntarme si ese carácter tan celoso de su intimidad hubiera disfrutado de tal exposición y estudio sobre su persona, sus creencias, sus aficiones y su vida personal. Supongo que es el precio de alcanzar la gloria. Y la gloria, al fin y al cabo, es el premio más puro al que aspira el artista.

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